Tolerancia a la incertidumbre

Las azafatas pedían apagar los aparatos electrónicos, el avión estaba ya en la fila para despegar.

Pero por más que quería, no podía. Había estado pegado a mi celular desde el aeropuerto. Cualquiera pensaría que estaba esperando los resultados de una lotería.

Justo antes de que me llamaran la atención cayó la noticia. Sentí vértigo. La geografía de mi destino había cambiado completamente. En un sólo día.

Ya en el aeropuerto de Roma compré ––en un fútil esfuerzo para re-orientarme –– un libro titulado A Citizen´s Guide to The European Union. Se había escrito hace tres meses. Ya era obsoleto. El optimismo con el cual hablaba del voto de Brexit parecía cosa de risa.

Un atentado terrorista en Estambul. Otro en Niza. Una masacre en Kabul. Un golpe de estado en Turquía. Hillary. Trump. El mes que pasé afuera de México la historia pareció suceder en cámara rápida.

Y en todos lados, como para explicar la incertidumbre,  surgían los especialistas. Hablando de tendencias y causas, creando historias que pretendían explicar, retroactivamente, lo que ellos no pudieron predecir con todas sus metodologías.

Ahora, suspendido sobre el Mar Mediterráneo, en el avión de regreso, recuerdo aquellos cinco días que pasé ––hace un año, en Jerusalem–– en un seminario destinado a desarrollar lo que se llama “tolerancia a la incertidumbre”.

No fue una experiencia grata. Estuvo llena de ansiedad y miedo.  Pero fue necesaria. Si algo aprendí entonces es que, en contextos de alta volatilidad, hacemos todo lo posible para bajarle a la ansiedad, recurriendo muchas veces a respuestas simplonas o metodologías supuestamente científicas para hacer proyecciones a futuro y tomar decisiones supuestamente informadas que lo único que hacen es cubrir, momentáneamente, el problema de fondo.  Y es que la incertidumbre no se va a ir a ninguna parte. Al contrario: el mundo va a ser cada vez más ambiguo, más volátil.  La aceleración de la historia es un hecho, el vértigo que causa es nuestro pan de cada día.

Mas vale que nos acostumbremos.

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