Duvov Garden 

Después de estar cuatro meses en el kibbutz con su tienda pequeña y comida en serie, visité el centro comercial de Aisraili. En su momento eran dos torres blancas, una circular y una triangular, imponentes, alejadas en estilo e intención  del Israel fronterizo y socialista que quedaba en mi mente.  Ahora son tres (faltaba el cuadrado). Recuerdo que me quedé horas frente a la sección de cepillos de dientes. Grandes, chicos, con manga dura o flexible, duros o suaves. Era un shock. Me tardé un tiempo en decidirme.

Eso fue hace más de diez años. Ahora que visito el lugar me parece un Antara, un centro comercial como cualquier otro en el mundo, con las mismas marcas, sólo que deletreadas en jeroglíficos hebreos. La única razón por la cual me quedo es porque el calor está del carajo, nada mas caminar unas cuadras me hace sudar. 

Tengo que salir si quiero llegar a tiempo a Jerusalem. Salgo a un sol avasallador. Atravieso por encima de la avenida que conecta a Tel Aviv con Haifa, por delante de un edificio militar, entre burócratas del ejército vestidos de azul y frente a aquella zona de restaurantes donde, hace no más de dos semanas, dos palestinos vestidos de judíos ortodoxos sacaron sus ametralladoras y dispararon hacia la multitud.

Encuentro una banca en este parque. La sombra me invita a escribir. En otra banca una señora viejita conversa con su ayudante filipina que no parece hacerle mucho caso: sólo ve su celular.

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