¿Twitteando la revolución?

 

A continuación un artículo que escribí para el número 10 de la revista “Consideraciones”:

Las revoluciones árabes de los últimos meses desataron discusiones a nivel internacional sobre el papel que tienen los nuevos medios de comunicación  en la organización de causas sociales. Aunque es cierto que, al analizarlos,  dichos movimientos resaltan por su particular uso de Twitter y Facebook para organizar masivamente a sus respectivas bases sociales, muchas de las discusiones televisivas  sobre ellos rayaron muchas veces en una especie de furor mesiánico, en donde se les confería a dichos medios un papel casi “redentor”.

Lo irónico, desde mi punto de vista, es que se pasó por alto el hecho de que fue precisamente el Internet lo que permitió que estas conversaciones se hicieran virales y se formularán  bajo un aura tan mágica y especial.

Este fenómeno de furor por lo nuevo es entendible: cuando sale un nuevo medio de comunicación, los mismos usuarios de éste se encuentran tan inmersos en ellos que no pueden darse cuenta de que están formando parte de  una nueva manera de organizar la  información, y con ello, la sociedad.

En el caso de Egipto, muchos de los que comentaban sobre el papel de las nuevas herramientas en la política egipcia tenían ellos mismos Twitter yFacebook, y por lo tanto, no podían distanciarse suficientemente para poder entender las implicaciones de estos medios en la realidad social.

Marshall Mcluhan, el teórico más importante de los medios de comunicación, nos muestra, en su libro Comprender los Medios,  cómo es que cada medio supone una reconfiguración fuerte de  la esfera social, muy pocas veces, el que usa este nuevo medio no puede percibir el cambio social del cual él mismo forma parte.  De ahí la importancia de la contextualización histórica.

Siguiendo, pues, este hilo de reflexión, cabe destacar que la última revolución comunicativa comparable, en extensión y cantidad de información compartida, con la que trajo el Internet fue la del señor Gutemberg y la imprenta quinientos años atrás. En aspectos materiales, la imprenta permitió que se uniformizara el espacio y que se propagara un mismo mensaje a través de distancias que antes se podían “contactar” únicamente a través del libro artesanal.

Irónicamente, este modo de producción de la información, al permitir que todos tuvieran un libro como la Biblia en su casa, puso las bases para la existencia de disidencias religiosas como el protestantismo, el cual abogaba por una democratización de la religión cristiana. Además, la capacidad de copiar de manera infinita el mismo mensaje permitió que se aplanara cierto territorio –ideológicamente hablando – y que se silenciaran grupos dispersos que dependían de tradiciones orales para la creación de su identidad.

Así surgieron los nacionalismos –basados en un mismo texto – y los movimientos masivos organizados a través de manifiestos –como el comunista – que se podían propagar fácilmente; la imprenta permitió que personalidades como Karl Marx imaginaran a un “pueblo” o a “una masa” de lectores anónimos que tomarían las armas y reconfigurarían la lucha social.

La imprenta permitió la reflexión en torno a la condición de ciertas personas que antes no tenían voz, cambiando el espacio público y creando la posibilidad de la existencia de una “lucha social”. Es importante también resaltar que la capacidad de copiar indefinidamente el flujo de información permitió que se agilizara y se extendiera el uso del papel en cada vez más diversas y complejas organizaciones, dando pauta a una burocracia que podía administrar recursos tanto sociales como materiales a grandes distancias y a nivel nacional; comenzando, de esta manera, la pesadilla  Kafkiana del trato impersonal en el espacio público, sobre todo en organizaciones donde el individuo se convierte en un número más.

La segunda gran revolución comunicativa fue la revolución electrónica, que no es puramente textual sino también es auditiva y visual, iniciada con la invención del telégrafo. La electricidad permitió que la comunicación pasara de ser un “recorrer distancias” físicas –los libros necesitaban de caminos y demás medios de transporte –  a una eliminación de las distancias por completo, gracias a  la inmediatez virtual. Esto, a su vez, causó que las barreras nacionales basadas en el papel y en la infraestructura de transporte se vieran altamente cuestionadas, permitiendo los más horribles muestras de fervor masivo ya no a nivel local sino a  nivel internacional.

Fue precisamente aquí donde surge el término “contemporáneo” en toda su extensión. Un caso excepcional del nuevo uso de los medios es el que le dio el régimen Nazi a la radio: Alemania lo utilizó para que la gente de Polonia supiera quién era  Hitler mucho antes de que éste  invadiera su territorio. Hitler era un gran orador de masas, y su presencia virtual en territorio ajeno permitió que mucha gente simpatizara con él aun antes de que estuviera físicamente en Polonia con su armada militar. Es así como surge el conocimiento del uso de los medios para la propaganda política: conocimiento que todavía es útil para mover masas a nivel internacional y local.

Los medios electrónicos permitieron, además, el surgimiento de movimientos obreros y sindicatos junto con  el surgimiento de empresas trasnacionales. Ambos movimientos, estructurados en forma de red a nivel internacional pero altamente burocratizados –reminiscencia de los tiempos del papel– a nivel local, transformaron el espacio público en un espacio de masas incultas a las cuales se les tenía que “enseñar” a hacer política.

A tal grado ha sido reconocida la importancia de los medios electrónicos en la transformación del espacio público y político que, hoy en día, países como Cuba, Venezuela y China invierten millones de dólares en la mantención de mecanismos gubernamentales cuyo único objetivo es filtrar el  contenido de los medios, con el entendido de que estos pueden servir a intereses extranjeros y quebrantar la soberanía nacional.

Con el Internet,  las organizaciones sociales cambian una vez más. Basta ver ejemplos como Wikileaks y las revoluciones en Egipto para darse cuenta de que estamos entrando a una época caótica de redes conformadas por grupos de intereses polimórficos. La famosa hibridación de la tecnología actual con la pasada ha permitido la existencia de un espacio público nuevo que es inalcanzable para organizaciones viejas basadas en la difusión de información por medio del papel.

El ejemplo más claro y citado de este cambio es la quiebra del New York Timescomo medio impreso de información, sin embargo, existen también indicios de que estructuras altamente jerarquizadas y burocratizadas también tendrán que ceder ante un panorama político posnacional en donde la burocracia se vuelve un obstáculo para la rápida organización social.

Las organizaciones basadas en el papel tendrán que cambiar para coexistir con formas de organización más horizontales,  plásticas y caóticas si lo que buscan es sobrevivir en estos tiempos hipermodernos, pues cada vez existe más descontento hacia estos bloques inmóviles que niegan la multiplicidad de esferas de lo público y que no permiten que sus miembros se relacionen y se organicen en red siguiendo una gama de intereses muy variados en su naturaleza.

Es cierto que el Internet es una gran tierra de nadie en donde diferentes individuos tienden lazos de manera un tanto caótica y polidireccional, pero si  los movimientos sociales quieren seguir manteniéndose vigentes, es necesario pensar más allá del imperio del papel y de los medios masivos tradicionales –como la televisión y la radio – porque ninguna organización, por más jerarquizada que sea, permanece para siempre.

Pensar el futuro de organizaciones basadas en el papel, como el sindicato de trabajadores de la UNAM, en su relación con el nuevo mundo virtual,  parece ser una tarea esencial y saludable para todos a los que nos interesa el bien común, en tanto nos abre espacio para la autocrítica y nos permite situarnos frente un nuevo espacio público cuya naturaleza parece, aun a más de diez años del Internet, difícil de determinar.

 

(Esta revista está hecha en papel, y como tal no solamente cuesta más crearla que mantenerla virtualmente,  sino que mantiene a la comunidad de lectores condicionada a un espacio físico. Habrá que pensar su futuro también.)

 

 

 

 

*1985, Maestría en Medios, Cultura y Comunicación en New York University(NYU)

Twitter: @alangrabinsky

 

 

Ensayo publicado en el número 10 de la Revista Consideraciones del mes de agosto-septiembre que actualmente se encuentra en circulación.

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2 Comments

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