Manhattan mi campus, Irene y demás…

El clima está precioso en Nueva York: el sol nos comparte los últimos rayos del verano y toda la humedad, que pesaba sobre la ciudad antes de Irene, se ha disipado por completo. Hay una brisa excepcional.

Aquí, en Washington Square Park, se reúnen estudiantes de la Universidad de Nueva York para tomar el sol mientras se escucha jazz improvisado libremente por amateurs. Cualquier turista se sorprendería al caer en cuenta de que, en la banca de allá o debajo del árbol de acá, un maestro de posgrado, reconocidísimo a nivel mundial, checa el trabajo de sus estudiantes mientras sus alumnas se asolean en el otro lado del parque,

En este mismo momento escribo desde el internet de esta universidad, en medio del corazón de Manhattan.

Cambiando de tema, ¿Qué fue esto de Irene? Siento como si no hubiera pasado, como si hubiera sido un mal sueño, una broma elaborada, una atentado contra la credibilidad mundial. Es la primera vez en la historia de Manhattan que se cierra el metro, millones de dólares se perdieron. Y todo ¿para qué? (“Toodo para que, ¿para qué tanto horror?”)

Entre los comentarios más atinados que escuché al respecto fue el de un twittero que señalaba que el verdadero ojo de la tormenta fue el de los medios y su narrativa apocalíptica. Lo que se desarrolló fue una especie de Ping-Pong, de una misma historia hollywoodense de ciencia ficción, en diferentes plataformas: de la tele al Twitter, del Twitter al radio, etcétera etcétera…

Yo, como el resto de los que estaban aquí, esperé horas encerrado, a la expectativa de que pasa ALGO. Esa expectativa era producto de los medios: yo ya estaba, de entrada, malcriado por la tele sin saberlo. Las televisoras, tan enfocadas en el impacto público se preocuparon tanto en por poner a sus reporteros en los ambientes más extremos y fotografiables que, cuando llegó la tormenta, la mayoría de los televidentes esperaba ver a vacas, taxis o hindus volando por la ventana. Pero eso no pasó… Ni siquiera llovió por donde yo vivía, ni una gota, NA.DA.

Creo que ya estamos bastante grandecitos como para no darnos cuenta de que el efecto mariposa de los medios de comunicación se está saliendo de las manos pot todos lados estamos viendo los efectos sociales de tal diseminación de sentido. ¿A dónde ira a parar?

Por lo pronto me relajaré y disfrutaré de un buen jazz en el parque, esperando pacientemente a que la próxima crisis mediática se desate para comenzar a jugar este juego una vez más.

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